Chamonix – Courmayeur, 2017


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We are used to fight back, every step of the road we deal with uncertainty and unknown constantly, we run through the night climbing those mountains, pushing ourselves to go up, waiting for the sun rise, sometimes we conquer that moment, and we feel strong, sometimes those mountains gave us a big fight and we lose our heart, feeling defeated. But we are not ready to give up, because we are not just running, we are doing so much more than that…

Some days, life just really kick you down, 03:15am
Esa noche, la noche anterior me costó muchísimo conciliar el sueño, más que de costumbre es lo cierto, por alguna razón no me sentía del todo cómodo, en especial conmigo mismo, sin embargo a estas alturas no estaba para pasar una noche de insomnio resolviendo cual de mis demonios andaba suelto, había mucha expectativa a mi alrededor, y en realidad creo que no logré ni siquiera cinco horas de sueño. Eran las tres quince, el despertador sonaba incesante y yo solo pensaba en que debía descansar; creo que no hay peor sensación el día de la carrera que levantarte y sentir que algo no marcha bien, ¡no podía ser! se suponía que me levantara golpeará mi pecho cual macho alfa lomo plateado que se respeta y diga “I’m feeling olympic today” y salga ¡a por todas! no, esta vez, en esta oportunidad no sucedió, algo no iba bien, y no sabía que era exactamente, me sentía ajeno, pero que va, tuve tiempo de preparar un café mientras me alistaba con todas mis cosas para salir a buscar el bus que me llevaría de Chamonix a Courmayeur el lugar de salida, mi ritual de preparación hasta el día de hoy había sido impecable, pero como todo algún día debía fallar, (tal vez era una de esas señales que dicen que el universo te manda, aunque esta no era buena) mi GPS falló al momento de activar el monitor cardiaco, para ser honesto, aunque no entré en pánico, me incomodé y sobre todo creo que me distraje, probé una y otra vez, desde que salí de mi apartamento camino al bus y durante todo el trayecto a Courmayeur que es de aproximadamente 45min-1hora; una y otra vez y nunca funcionó, fastidiado, tomé la decisión entonces de correr sin éste y dejar solo el GPS sin el monitor cardiaco y controlar mi ritmo basado en la experiencia de mis sensaciones y escuchar adecuadamente mi cuerpo, sin ayuda tecnológica y seguir mi instinto lo mejor posible, no pasaba nada. En Courmayeur el centro deportivo estaba copado, cientos de corredores descansando, otros tomando café, alguna fruta, haciendo cola para el baño, el lugar con una pista de hockey sobre hielo, estaba adecuado para recibir a todos los que pasaríamos durante una semana por este lugar. Enfilé hacia la línea de salida, dejando en el respectivo lugar asignado por la organización los dos “drop bags” con ropa y tenis de cambio, alimentos, y todo lo necesario para poder cogerlos en el km 66 y al final de la carrera, el ambiente era incomparable, ya lo era los días previos, el ambiente desde mi llegada a Chamonix había estado lleno de emociones, algunas casi indescriptibles para mi en este momento, (en otro texto me dedicaré exclusivamente a contarles la experiencia alrededor de la carrera y del lugar) el público, los voluntarios, la voz a través de las bocinas, las luces, la madrugada, tantas cosas que te ponen en perspectiva y que aún sabiendo que estas acá parecen que estas dentro de un sueño por momentos. A mi llegada había ya un buen porcentaje de corredores en la salida, por lo que tocaba ir buscando como acomodarse, la organización cerraba por bloques los accesos por lo que fue difícil ubicarme lo mas cercano a la salida, valga decir que contrario a mi forma de largar en la que no me gusta acelerar al máximo en el inicio, sino guardar piernas y tratar de hacer una carrera donde pueda manejar mis tiempos y mis sensaciones de la mejor forma, tomando en consideración que tengo por delante 119kms con 7,200m +- de desnivel, reventar desde el inicio nunca ha sido una opción, me gusta darlo todo pero siempre terminar a gusto, habiendo disfrutado cada momento; pero esta vez sabía que no podría ser así, por el contrario debía largar y salir a “full gas” para evitar la cola en el sendero, donde sería imposible adelantar y el retraso en el tiempo puede ser fatal.
El murmullo de los corredores aglutinados en la línea de salida, erizaba la piel, de pronto el sonido casi en aumento de Conquest of Paradaise de Vangelis, soundtrack oficial de UTMB, la arenga de la voz al micrófono a doble voz una chica en inglés y español traduciendo casi simultáneamente del francés, y cuenta regresiva…cinq…quatre…trois…deux..un! una ovación aglutinante nos recubría, cencerros resonando a toda fuerza, la gran fiesta había comenzad. Me dispuse a acelerar el paso cada cuanto me era posible, justo lo que me habían advertido y me temía, el espacio por las calles del pueblo era demasiado estrecho y cada cuanto el bloque de corredores se paralizaba por completo generando un tránsito muy lento, las calles del pueblo eran embudos que frenaban el avance creo tal vez cada 20-25 metros en algunos casos con suerte cada 50 metros, en la medida que era posible iba ganando terreno, adelantando lo más que podía a los corredores delante de mi, este era el momento clave de largada que no podía desperdiciar, y así fue, luego confirmaría en mi GPS que realicé los primeros kilómetros más rápidos de toda la carrera. La partida era trepidante, el ambiente aún oscuro de madrugada, el pueblo casi en su totalidad despierto, miles de personas en las calles con vítores, el afluente del río que atraviesa el pueblo era muy fuerte, intenso y su sonido ensordecedor y hasta un poco aterrador, completaba el escenario en el que todas esas sensaciones de extrañez que traía habían quedado atrás y era momento de hacer lo que venimos a hacer, darme una carrera plena, disfrutar cada paso, cada ascenso y descenso de montaña, la naturaleza, esta aventura en la que embarcamos (y hablo en plural por todas las personas que estuvieron cerca de mi en este camino) y ahí fue cuando todo empezó a ser real, empecé a vivir presente, a sentir cada paso que daba, a conectarme con la carrera, con mi cuerpo y mi mente, despejando muchos de los pensamientos que me distraían, a conectar con las personas que iban corriendo a mi alrededor, olvidando el “script” de como debía ser, y dejando simplemente que fuera. El ascenso inicial era muy largo, aproximadamente 7 kilómetros verticales, el terreno era muy técnico desde el inicio, no por algo esta es de las 5 carreras de UTMB la denominada “salvaje” y la más técnica, para muchos incluso mucho más que UTMB misma, el terreno en términos generales era lo que conocemos como balastro, mucha tierra fina casi como arena suelta, mucha, mucha, muchísima piedra suelta, y en los tramos donde no había piedra era común encontrar lodo y pozas de agua, por las lluvias los días anteriores, llegar al primer puesto de control pensé me tomaría mucho más tiempo, era difícil verme entre tanto corredor y sentir que no avanzas por lo lento de la cola que se formaba en el ascenso, pero esto apenas empezaba, llegué al primer puesto acelerando el paso, sacando rápidamente mis pachones para rellenar de agua, tomé un trozo de pan con miel, y seguí, creo no me tomó mas de tres minutos, aprovecharía para adelantar a muchos de los corredores que se detuvieron, pero mi sorpresa fue que el sendero se reducía completamente a un filo de pie, era casi imposible colocar ambos pies uno a la par del otro sin salir del sendero, no había manera alguna de adelantar, y el ritmo se volvió aún más lento, por ratos había espacio donde adelantar era una opción y aprovechaba de escaparme junto a otros corredores que decidían avanzar, pero era imposible ganar mas de 10 metros, conforme avanzaba y ya amaneciendo por completo, pude voltear la vista y darme cuenta de la inmensidad del paisaje, del precipicio casi interminable a mi costado y la majestuosidad de las montañas frente a mi, esto era casi increíble para mis sentidos, el viento rozando la piel casi congelándola, contrastando con el calor del cuerpo por la intensidad del esfuerzo físico, el oxigeno tan puro penetrando las fosas nasales y golpeando directo al cerebro, enviándole una señal de “despierta” o más exacto de “estas vivo” era como volver a la vida (a la verdadera) las montañas con sus picos nevados, la niebla, los rayos del sol atravesando el paisaje, tomarle foto hubiera arruinado el momento.

Al volver la vista al camino y ver hacia arriba de la montaña podía ver la fila de corredores avanzando en ascenso continuo, era como ver una postal de una cordada de alpinistas, cada cierto tiempo tocaba formar el barullo y gritar un alerta por el derrumbe de rocas, que rodaban montaña abajo para alertar a los que venían por el sendero de subida. Poco después de este tramo rocoso y de piedra suelta, haría cumbre en Arete du Mont Favre, el valle estaba cubierto por la niebla, y los picos de las montañas vecinas cubiertas por la nieve sobresalían, empezaba el primer descenso, en ese momento se escucha el sonido intenso como de una avioneta en picada, luego pude identificarlo mejor, y era el sonido de las hélices de un helicóptero que de la nada atravesó la niebla y salio frente a mi, filmando para UTMB Live TV, en el descenso siempre suelo aprovechar de aflojar piernas y de acelerar el paso, así que además aprovechando mis segundos de fama frente a la cámara descargue con todo el descenso adelantando a muchos corredores que bajaban a un ritmo pausado, el terreno permitía darse el gusto de saltar y correr a placer por lo que, por qué no, iba a aprovechar, iba levantando polvo, pasando gente, sonriendo y feliz como en mi propio patio de juego. Creo, logré un buen avance hasta toparme nuevamente con la cola en el siguiente sendero, este un poco más técnico, empinado y con una ganancia de elevación mayor, entre uno y otro tendría otro puesto de control y comida, donde aprovecharía a rellenar de agua, comí unas naranjas con sal, unos trozos de sandia, un vaso de coca cola -la bebida de los dioses- en este ascenso por ratos trataba de acelerar el paso, las sensaciones que llevaba eran buenas hasta ese momento. Al llegar a la cima de Col Chavannese, el control era sencillo así que no me detuve mucho tiempo, el paisaje como siempre majestuoso, muchos corredores se detenían en este punto a comer o descansar, en mi mente lo que tenía era avanzar y no detenerme, por lo que tome un sorbo del flask que preparé con geles y electrolitos (el cual fue un éxito, optimizó el manejo de los desechos de los geles, además me ahorro cargar mi mochila con varios tubos de gel, y quedarme solo con un flask de 150ml con todo lo necesario para la carrera) empecé un descenso largo, muy largo y tendido el cual nunca parecía terminar luego de una curva aparecía un plano más, o alcanzaba a ver en el horizonte un camino interminable, mantuve un paso constante, el cual había sido fundamental en mis entrenos largos, y creía podría llevarme a avanzar de la mejor forma, había mucha tierra suelta y polvo, lodo formado por los nacimientos de agua y caídas de agua que bajaban hasta el río en el fondo del paisaje que corría incesante y con un caudal estrepitoso que podía escuchar desde lo más alto, al mismo tiempo el repique de los cencerros del ganado parecían acompasar cada paso,



-speechless- … así debieron transcurrir los siguientes 3 o 4kms, hasta que de pronto como si mi cuerpo hubiera decidido apagar todo empecé a bajar el ritmo y me vi avanzando muy lento, intentaba acelerar y no lograba volver a coger ritmo, de pronto mi estomago lo sentí darse vuelta (claro es una idea mía, no creo que eso haya sucedido) y tuve que detenerme por completo del dolor, sentía que el sol me quemaba, como si estuviera única y exclusivamente sobre mi, y la temperatura en mi cuerpo subía abruptamente, empecé a caminar porque no quería detenerme, no estaba en mi plan detenerme bajo ninguna circunstancia, fue hasta que llegué a un caída de agua donde saqué uno de los flask que llevaba en la parte trasera de mi mochila, lo vacié -el agua que tenía estaba caliente- y lo rellené del agua que caía desde la montaña, estaba helada, vacié un segundo flask que llevaba al frente y lo rellené, me la bebí en cuestión de segundos, conforme caminaba aprovechando lo frío del flask por el agua para pasármelo por la nuca, aproveché de mojar mi gorra en el agua fría, y poco a poco empecé a ver como mi cuerpo cogió un nuevo aire, logré empezar a correr nuevamente al paso que llevaba, aproveché al menos 4 caídas de agua para volver a llenar, y tomar agua helada, y cambiar la temperatura de mi cuerpo, llegando al próximo ascenso donde me toparía a los chichos de Hoka One sentados de lo más cómodos en un plano, haciendo el estudio de las marcas de tenis utilizadas por los corredores, cantándolas al paso de cada corredor cual si fuera lotería, pues nada, al salir de este valle, entroncando con una carretera, cientos de personas apoyando y era un gusto escuchar tu nombre, que lo leían en el dorsal, claro cada corredor tenia la bandera de país y también te animaban de esta forma, aunque, -Che amo a la Argentina, pero la bandera que llevo puesta es de Guatemala…-



Llegué a Alpetta da Chopper, un valle hermoso con un lago rodeado de montañas, al ingresar al sendero la señalización anunciaba que debíamos atravesar en medio del ganado y tomaremos las precauciones necesarias, me tocó esquivar una vaca que decidió era buena idea pararse en medio del sendero justo cuando yo iba pasando, el camino me llevaría directo a una pequeña playa a la orilla del lago, el agua cristalina invitaba a quedarse, pero en el horizonte podía ver uno de los ascensos que más acusé del recorrido, tal era mi percepción inicial que decidí parar al pie de la montaña, descargue mi mochila y saqué una barra para comer, -peanut butter, dark chocolate, banana- a pocos metros empezando un ascenso con el lodo cubriendo los tobillos, el hedor del excremento del ganado, y la roca suelta, me encontré a un grupo de corredores que decidió detenerse a dormir, por lo que aproveche de avanzar y seguir subiendo para poder hacer cumbre cuanto antes, sabedor que luego vendrían 15kms de pura bajada al puesto de control de la falsa mitad de carrera, (este era el único puesto dentro de un pequeña ciudad donde se realizaba el siguiente control de seguridad) ascendía de forma constante, luego de haberme recuperado del malestar en mi estomago y la temperatura de mi cuerpo, terminé la llegada a Col du Petit Saint Bernard donde encontraría el limite fronterizo entre Italia y Francia, terminando de esta forma mi aventura por Italia y pasando al lado francés donde continuaría el resto de la carrera. Por alguna razón no he logrado romper la barrera que me impide acelerar mi ritmo de carrera antes de los primeros 40-50kms, es normalmente hasta que llego a esta distancia que mis piernas empiezan a carburar y es cuando mi desempeño mejora considerablemente, esta vez por alguna razón no lo estaba logrando, a pesar que nunca estuve en el límite de tiempo sino al contrario tenía suficiente tiempo quería mejorar mi ritmo de carrera pero cada vez que lo intentaba botaba el paso, sabía que tenía piernas, pero me sentía completamente fatigado, y no lograba que mi mente tomara el mando, fue como entrar en un loop donde ni mi cuerpo ni mi mente, y volvía de nuevo.

Terminé el sendero paralelo a la carretera, y comencé una de las bajadas mas duras y técnicas que recuerdo, había muy poco terreno para asentar el pie, el pasó cerca de un río muy caudaloso, cortes de terreno con caídas de varios metros, tierra y mucha piedra suelta, pero la iba librando bastante bien, hasta ese momento en el que no recuerdo bien, cómo llegué a verme a mi mismo sentado en el suelo agarrando mi tobillo izquierdo, con un dolor insoportable en todo el pie, intenté ponerme en pie y mis piernas se acalambraron completamente, me costaba mucho caminar, apoyar el pie era demasiado esfuerzo, en mi mente inmediatamente empezaron a venir recuerdos de antiguas lesiones, de lo difícil que había sido llegar hasta aquí luego de haber superado un desgarre fatal a inicio de año que me limitó tanto el arranque de mi temporada de competencias, en Costa Rica a duras penas había logrado terminar satisfactoriamente con mucha molestia, Tecpán sufrí demasiado fisicamente para terminar, Nicaragua fue devastador por el calor y la humedad, ha sido un año difícil, tanto en entreno como en mi rendimiento y había enfocado todo en este último mes, pero mi cuerpo no terminaba de asimilar el entreno, y cuando finalmente empezaba a tomar ritmo dos meses antes de venir acá, una fractura en mi pie derecho me tuvo fuera del ritmo deseado y acabé toda la serie de complicaciones con una gripe necia que me dificultaba respirar cuando corría, pero había logrado llegar, en condiciones deseables para terminar y no podía ser que estuviera pasando esto justo ahora, miles de preguntas empezaron pasar por mi mente, ¿estaría realmente capacitado para terminar? habría superado todas las lesiones, el desgarre, la fractura? mis pulmones se habrían recuperado bien? habría sido suficiente entreno? ¿habría fallado en algo o en todo? ¿qué diablos estoy haciendo acá? en qué momento se me ocurrió correr en montaña, si toda la vida había hecho karate, a mé me gustan los golpes!… mi espíritu se estaba quebrando, el dolor era demasiado intenso, me subía un dolor del tobillo hasta la rodilla, el filo del pie me era imposible apoyarlo, pensaba, si había hecho una buena selección en el tenis que decidí utilizar en la carrera, y poco a poco llegué a sentir que no me movía, que todos empezaban a pasarme, mi confianza empezó a venirse abajo e incluso llegué a sentirme derrotado… fue entonces cuando empecé a hacer un balance de todas las lecciones aprendidas este año, de lo que me ha costado, de lo que en realidad significaba este viaje -camino- para mi, de como he disfrutado hacer “mi propia carrera”, de lo importante para mi que ha sido re-encontrarme en la montaña con muchos de mis valores en la vida, de este ejercicio humano que conlleva para mi estar donde estaba en este momento, en ese presente, de sentir mi espíritu vibrar dentro de mi por la experiencia, por el aprendizaje, tener la capacidad de mi mente de romper el tiempo y el espacio, de verme como un todo en este ambiente, de que no hay finales sino nuevos inicios, de cómo este momento en mi vida me convertía en mejor persona, en que, sí es cierto, ha sido difícil, ha sido duro, ha sido mucho trabajo, madrugadas de entreno, escoger, tomar prioridades, estaba convencido de algo, y lo digo siempre “si no es divertido no lo hagas” y acá estaba a pesar de todo, del dolor en mi pie, de mi espíritu resquebrajado de mi mente dando vueltas, estaba disfrutando, me estaba divirtiendo, (apenas hoy pude ver las fotos que la organización me tomó en todo el trayecto, no hay una sola donde se vea que me la estoy pasando mal, por el contrario)
Empecé a sentir un impulso de energía, trataba a ratos de avanzar más rápido incluso de trotar, el dolor ya no me dejaba avanzar mucho, y empezó a ser exhausto, entré al pueblo solitario, buscando el puesto de control donde podrían revisarme los servicios médicos, estaba tan distraído que me confundí en la calle que debía tomar y me tocó regresar unos metros, llegué al puesto, caminé a donde estaba el servicio médico y me derrumbé. Estaba desorientado, no sabía dónde estaba mi bolsa con el recambio que había metido, no ubicaba dónde comer e hidratarme, había tiempo, pero era momento de tomar una decisión, tal vez, tenía lo suficiente para seguir, me levanté y me alejé, supe que no podía caminar más… 52.93kms

“Fracasar es no intentarlo. Fracasar es no disfrutar de cada paso del camino, fracasar es no sentir. Habrá puñetazos, habrá dolor y objetivos que quedarán lejos, pero en ningún caso podemos fracasar si el camino es pleno, aunque no consigamos la cima.”
Esta vez el objetivo quedó lejos, pero todo el balance es positivo, todo lo que me llevó hasta acá, la gente que estuvo alrededor, mi equipo, mi familia, mis amigos, cada entreno, el apoyo y todas las personas que estuvieron pendientes y participaron de alguna u otra forma, toda esta experiencia me hace sentir más vivo, me llenan de gratitud, estoy más conectado con lo que realmente vale la pena, me hace volver la vista atrás ver el camino de forma objetiva, hay mucho más de mí que esta listo por salir a buscar la siguiente montaña.
Cast of Characters
Diana Ramirez, Diego Alejos, Richie Castillo, Manuela Llarena y Mafer Hernandez, Carlos Gruest, Gaby Molina, China (Maritza Luz) Quiropractica Adriana, GNC Guatemala, Futeca Sport Gym, Biozon, Julbo Guatemala, Alvea, Catálogo para la vida, Radio Infinita.
Algo asi como un saludo para mi mamá, este va para los amigos del Team Chiixputamierda, gracias por el apoyo y estar pendientes todo el tiempo, Rocío Aldekoa, Allan Rivas, Worldtrailrunners, Raymond Wennier, Miriam, Charlie y fam.
El playlist de esta nota Sæglópur de Sigur Ros, Rolling Stones, set musical de Moderat & Solomun, Another Berlin, Salzburg de Worakls, y por supuesto Conquest of Paradise de Vangelis.
To the people, to the fellow ones, to the tribe. Run free, +Korima.
Reportando para Guatemala y el mundo Carlitospress.