Courmayeur-Champex Lac-Chamonix
Italia-Suiza-Francia
101kms 6,100m+
Août 2021


45.7969˚ N, 6.9690˚ E
Courmayeur, Italia
Courmayeur me gusta, tiene un no sé qué, que me convoca, mucho más que Chamonix, de este otro lado del túnel, el Monte Bianco expone una pared de roca majestuosa de aquellas que ves y quisieras tener el equipo de escalada listo y empezar a trepar. Son apenas las 7:00 el sol de arriba a abajo peina la cara Este de la montaña, los buses uno a uno van llegando al estacionamiento del Courmayeur Sport Center, de ellos descienden miles de personas, corredores, familiares, amigos, voluntarios, miembros de la organización, un quinto tal vez, de los invitados a esta gala de inicio en la fiesta mas grande del trail mundial.
El Sport Center es un complejo deportivo espectacular; con 25000 metros cuadrados, cuenta con uno de los muros de escalada más emblemáticos de Europa con dificultad de 4 a 8! Gimnasio totalmente equipado, canchas de tenis bajo techo y exteriores, y una pista central para deportes sobre hielo magnífica. Por supuesto área de cafetería y un lobby acondicionado esta vez para recibir a todos los corredores que largaremos hoy, y mañana se convertirá en uno de los puestos de control más importantes en el recorrido de la UTMB.
Largaríamos a las 9:00, algo tarde para mi gusto, sin embargo este horario fue modificado en el paso de los años conforme los atletas élite se han vuelto más veloces y así poder evitar que los primeros lugares se cruzaran con la salida de la UTMB en la plaza du Triangle de l’Amitié y fuese un caos. Esta vez además arrastrábamos el rastro de la pandemia y los protocolos de salud hicieron que fuéramos separados por bloques u “oleadas” como les llamaron, con lo cual largábamos separados por espacios de 15 minutos, en un lapso de una hora. A mí me tocaría a las 9:45am por lo que mientras llegaba la hora lo justo era descansar, calentar un poco los músculos, ir a por un pipí de vez en vez (ya saben que el nerviosismo a veces lo castiga a uno, otros autores lo llamarían ansiedad precompetitiva) y de paso aprovechar de presenciar el entreno en la pista de hielo de un grupo de patinadores de varios países europeos, todo un espectáculo para quienes no estamos acostumbrados a estas disciplinas en el trópico.


Corredores de todo el mundo transitaban por el complejo deportivo, habitaba un ambiente de expectación y nerviosismo, a pesar de la fiesta el sin sabor de lo ocurrido la noche anterior en la TDS al menos a nosotros nos hacía sentir incómodos con la organización. No viene al caso entrar en detalles, solamente creo que no se le dió el trato adecuado a lo sucedido.
El riesgo es parte de este deporte y muchas veces incluye la tragedia; sin embargo saberlo no es suficiente ni tampoco evita un desenlace no deseado.
El tiempo transcurrió, con él llegaría los prolegómenos del evento y con esto el momento de enfilar hacia la salida, habían transcurrido veintidós meses desde la última vez, lo cierto es que estar aquí ya era una victoria. Las sensaciones eran buenas aunque de mucha expectativa de cómo respondería el cuerpo y la mente después de tanto tiempo, el clima era perfecto, Vangelis de fondo por supuesto y cuenta regresiva cinque, quattro, tre, due, uno…Allez, allez!
No me cansa repetir que me gusta mucho Courmayeur es el lugar al que hay que regresar y atravesarle fue un deleite para mis sentidos, el paisaje es inigualable. Tomaría rumbo de salida hacia la montaña por supuesto, un ascenso muy pronunciado y técnico hacia el pico de Tete de la Tronche una bienvenida de 1,500m+ para calentar. La consigna principal en UTMB series, es no quedarte atrás en la salida, por el contrario acelerar desde el inicio, para no estancarte en el embudo que se genera en los senderos de montaña, los pasos son demasiado estrechos y es imposible rebasar, es más es una garantía que en algún punto te toca hacer la cola… con esto en mente intentaría marcar un buen ritmo de carrera desde el inicio, había que recordar que no solo corría con mi “oleada”, adelante ya habían al menos un mil o un mil doscientos corredores y posiblemente iba a topar con algunos de los coleros.
Para mi mala suerte, no tarde mucho en topar con la romería montaña arriba, a escasos siete (7) u ocho(8) kilómetros de carrera un paso muy técnico de rocas lisas y bastante resbaladizas ponía freno al ímpetu que llevaba, -al de todos- logrando franquear este tramo la cola hacia arriba iba muy lenta y esto de alguna un otra forma escuece cuando llevas piernas frescas y sabes que puedes ir mucho más rápido que el resto, pero no hay forma de superarles, al menos no de momento. Es acá donde empiezas a conocer y a hablar con el resto, donde surgen las bromas y se empieza a formar cierta camaradería que te va llevar a la meta. Debo decir que esta vez fue considerablemente distinta la interacción con el resto a como estaba acostumbrado, no quiero pensar en lo mucho que pudo afectar la pandemia nuestra interacciones humanas, pero algo se estaba evidenciando en esos momentos.
La inmensidad alrededor roba el aliento, no importa hacia donde gire la vista, la cordillera, los entresijos por donde se cuela el sol, la nieve en lo alto…



A pesar del congestionamiento montaña arriba, llegaría a cumbre alrededor del tiempo que había estimado para este primer ascenso, desde acá la ruta permitiría un mayor avance, más velocidad y ganar tiempo en el descenso rumbo al refugio Bertone, y luego en un tramo tendido con poco desnivel hacia adelante el refugio Bonatti, administrando de la mejor manera mi hidratación, aprovecharía a adelantar a los precavidos, los descensos me divierten mucho y es donde usualmente logro acelerar y ganar tiempo, el día era magnifico, la temperatura apenas y empezaba a subir.
Cerca del kilometro veinticinco iniciaba un descenso muy pronunciado, esos momentos de carrera donde sabes que cuando vas muy para abajo, pronto tocará subir y casi siempre será largo y duro… pero esto era lo de menos en ese momento, cuando estás en la montaña el sonido tiende a viajar de forma muy distinta a como lo hace en ambientes rodeados de concreto, desde lo alto de la montaña mientras bajaba escuchaba una gran ovación, acompañada de vítores, aplausos y mucha algarabía, he de decir que era en varios idiomas, parecía que muy pronto llegaría a la fiesta, cuando escuchas esto, sabes que hay un poblado próximo, o a un puesto de control con acceso para los que siguen la carrera. Abajo se encontraba Arnouvaz, la última “ciudad” al pie de la frontera y conforme iba descendiendo empezaba a identificar nada menos que la fiesta para los corredores era gracias al patrocinio de mi Crew apostados en la última curva del descenso antes de entrar al puesto de control, ahí estaban Diana, Miriam, Charlie y Adriana, esperando y alentando a todos los corredores que salíamos de la montaña, mejor recibimiento no podía haber, cruce la curva bajando un poco la velocidad para saludar y entrar al puesto de control, recargué mis “flasks” aproveche de ir a por un pipí, comer un poco de fruta, acá había sandía y bananos, un oasis! Desde hace algunos años, mi alimentación en carrera se reduce a fruta, fruta seca especialmente dátiles y nueces; así que este puesto resultó genial para mi plan de carrera.
A la salida del puesto me despediría del Crew, apretando un poco el acelerador para evitar cualquier retraso en el ascenso hacia Grand Col Ferret, límite italiano con Suiza, con una mejor cadencia gracias a la facilidad con la que se desarma el bloque de corredores cuando llegas a un puesto de control, seguiría marcando mi ritmo de carrera con suficiente tiempo de sobra con respecto a los límites establecidos por la organización. En la montaña el clima cambia en un abrir y cerrar de ojos, aún lejos de cumbre, un cambio brusco en el ambiente, de esos que ocurren en las capas medias y altas de la troposfera perturbada por la orografía del lugar ya saben, acarreaba fuertes vientos y un cambio en la temperatura considerable, aún con el sol encima nuestro, el frío y el viento entorpecía la llegada a cumbre, me detuve a sacar un rompe-vientos y unos guantes, casi pierdo el rompe-vientos arrancado de mis manos por el fuerte viento que me hizo muy difícil ponérmelo, como yo, varias personas más luchaban contra el viento.


Coronando Grand Col Ferret y ya en territorio suizo, veinticinco kilómetros y 1,700m- completamente hacia abajo en búsqueda de La Fouly como punto intermedio, pensando que podría tomar unos minutos para reabastecer y descansar, antes de terminar el descenso y luego subir hacia Champex Lac, un poco más allá del ecuador de la carrera, aunque en términos generales las sensaciones eran buenas, por alguna razón entre La Fouly y Champex Lac perdí ritmo, (no sé, tal vez esa falsa neutralidad de los Suizos me afectó) llegaba el apogeo del día, aunque todavía con suficiente luz natural para seguir avanzando, pero algo sucedía y aparecieron las primeras muestras de cansancio, a medida que avanzaba un poco en solitario, a este punto había mayor separación entre corredores, el valle en La Fouly cómo todos hasta ahora es inmejorable, una cuenca de aguas casi transparentes, las montañas nevadas, el pueblo tan pintoresco en su diseño, cual postal de turismo. Luego de pasar Praz de Fort finalizando el descenso, me detuve antes de entrar al pueblo buscando mi frontal, la noche estaba dando inicio y ya era necesaria la luz suplementaria, entré un poco en pánico he de decir, no encontraba mi teléfono, no encontraba mi frontal, perdí la cabeza por unos minutos pensando que había echado a perder mi carrera y no tenía el equipo para continuar, ni mi teléfono para solicitar apoyo.
Después de un momento de tensión y estrés innecesario, encontré todo dentro de mi mochila, en otro lugar distinto al que estaba buscando. Un par de corredores pasaron a mi lado inadvertido…
46.0297° N, 7.1173° E
Champex Lac, Suiza
Champex Lac, es el segundo punto principal en el recorrido, el puesto parecía tener una alfombra roja de recibimiento, tu nombre y nacionalidad era coreada por el alta voz y eres vitoreado por los voluntarios presentes, motivación externa ideal para lo que me estaba sucediendo. Diana me esperaba en el lugar, buscamos donde sentarme para poder comer y tomar algo caliente, la temperatura ya había descendido considerablemente, mi ropa mojada por el sudor debía cambiarla, Diana llegó con mi “drop bag”, un poco de sopa y fideos calientes, café, por supuesto unos dátiles, estaba agotado y mi cuerpo un poco tembloroso por el frío, este cansancio me tomaba un poco por sorpresa… Creo que Diana se dió cuenta que no estaba del todo bien, pero no dijo nada, solo nos despedimos en la salida del puesto y prometimos vernos más adelante.
Los próximos cuarenta y seis kilómetros serian un sube y baja con los cuales acumularía 3,000m+ que me llevarían a Chamonix, pero antes tenía de frente dieciséis kilómetros hacia Trient, entrada la noche y pasada la mitad de carrera estaba en mi esencia, correr de noche y splits negativos pasado el kilómetro cincuenta, pero no era así, esta vez parecía perderme en la oscuridad de la noche; físicamente estaba cansado, a pesar de todo mantenía el espíritu y disfrutaba cada subida, los pasos rocosos, el bosque, cada curva a la orilla de los riscos. el riesgo y la aventura en esta noche despejada de verano, honestamente el frío pasó como todo pasa. La última cumbre en Suiza, Les Tseppes llegaría cerca del amanecer, el camino abajo cruza el límite suizo con Francia, y con el alba a través de la montaña hacia Vallorcine cedí por completo y cabeceé, estaba en el peor lugar para quedarme dormido, el sendero iba paralelo a un risco muy prominente, la roca a mi lado izquierdo tenía anclajes y cadenas como pasamanos debido a lo estrecho del sendero y claro debido al riesgo, no era una buena opción quedarme dormido mientras corría cuesta abajo. Recordé haber metido en mi mochila unas mentitas tipo “Halls Mentho-lyptus Ice” de esas que te patean el cerebro y descongestionan el lóbulo prefrontal en el primer intento. Apurado por el riesgo, las tomé y mi idea pareció hacer sentido, por lo menos mientras duro el dulce en mi boca.
Me sacudí un par de veces, incluso me propiné un par de cachetadas (con amor propio) para despertar, todo esto sin detenerme, el deshielo en el lugar formaba pequeños riachuelos y agua estancada en el camino, evitar mojarme los pies resultaba un buen foco atencional, así que jugué al avioncito con los riachuelos, eso me ayudaría por un tiempo, luego alcanzaría a una corredora de Alemania de apellido Merkel… (unos segundos de silencio mientras reía por la ironía) pensé que serviría llevar a alguien cerca, pero el ritmo de carrera era muy distinto así que le deje atrás, para todo esto el día había comenzado con todo su esplendor y enfilaría directo a Vallorcine.
46°02’04”N, 6°55’59” E
Vallorcine, Francia
Llegué completamente desconcertado, entré al puesto y busqué donde sentarme, sabía que Diana no había logrado llegar, me había seguido toda la noche sin dormir y el último “shuttle” había salido con retraso, así que estaba por mi cuenta… totalmente abatido, agotado física y mentalmente, no coordinaba bien mis ideas y estaba confundido, -esto en psicología resultaría en un deficiente en mi examen mental y estado de conciencia- mi espíritu estaba igualmente agotado, unos cuantos pensamientos lograba hilbanar, y eran, estoy agotado, no quiero seguir… me levanté por café y agarré unos chocolates, me retiré los tenis, honestamente no recuerdo si cambié mis calcetines, creo que sí… en realidad esto no había terminado, aún quedaban lo mejor, empecé a prepararme cuando Diana atravesó la entrada del puesto corriendo a encontrarme, me preguntó que necesitaba y me ayudó a re incorporarme… era el último acceso de apoyo antes de meta, el camino a La Flégére estaba servido, en tiempo aún quedaba el suficiente, pero no podía desperdiciar nada, salí todavía con un paso lento, llegando al cruce de carretera enfrente, Tête Aux Vents un complejo rocoso con una pared vertical de unos 82° aproximadamente le puso el toque final, para ser honesto me pareció una faena imposible, empecé a trabajar con mi mente, a medida que avanzaba, encontraba espacios por donde rebasar a una gran cantidad de corredores que se iban retrasando, al inicio la tierra muy suelta, un terraplén muy desarmado que bordeaba toda la montaña hasta llevarnos a la roca, acá alcancé a una corredora de Islandia que llevaba muy buen paso y fuimos alternando el frente, no fue sino hasta acá que finalmente me activé, conforme avanzaba me imaginaba en la roca escalando, de esa forma fui ganando terreno y poco a poco aceleré hasta quedarme solo nuevamente y fui poco a poco alcanzando y dejando atrás a más corredores, el segundo aire finalmente llegó tal vez cuando más lo necesitaba.
Entre corredores se escuchaba el murmullo del tiempo de corte, La Flégére parecía imposible de acuerdo a los corrillos, luego de hacer cumbre en Tête Aux Vents, el valle de Chamonix estaba a la vista, el acceso de cabra había terminado y ahora tocaba apurar para llegar en tiempo a último check point antes de meta, el sendero hacia abajo era muy estrecho recuerdo un grupo de cuatro o cinco corredores que en su haber, iban charlando sin ninguna prisa y sin dejar pasar a quienes si la llevábamos, en un descuido logré superarlos y dejarlos atrás en su mal gusto porque los había adelantado. El sendero desembocaba en un plano que dejaba ver la cara opuesta de la montaña, espectacular, de frente una pendiente pronunciada que a contra reloj desinflaba el ánimo, a mi lado un corredor belga, me vió y pude ver en su rostro la decepción y el cansancio, yo, cargado de adrenalina lo aupé mientras trotaba en directo a coronar La Flégére, recuerdo sus exactas palabras desde atrás: “you are a beast…”. No le volví a ver más.

Check point La Flégére, desde arriba escuchaba el Allez, allez! Al llegar en el control me dicen, “tranquilo, hay tiempo de sobra” pero no quise reparar mucho en esto, sí es cierto, aún había tiempo de sobra, pero no quería detenerme más, los últimos kilómetros eran todos en bajada directo hacia Chamonix. La declinación al inicio era muy pronunciada y luego de noventa y un (91) kilómetros las rodillas pueden resentirse un poco si vas muy rápido, para colmo a mi cuerpo se le ocurre que es buena idea un pipí… así que me detuve a evacuar poco antes de la entrada al bosque, a partir de aquí una sierpe zigzagueante me llevaría hasta la base de la montaña y rumbo a meta, el bosque dejaba por espacios cortos entrar el sol y conforme descendía podía sentir el aumento de la temperatura, sabía que abajo habría calor y mucho sol, poco a poco fui retirando la ropa de frío que aún cargaba de la noche anterior y tomando un mejor ritmo de carrera.
En esta ruta final, te encuentras con cientos de personas que están de paseo haciendo trekking, personas de todas edades, caminando en la naturaleza que de pasó te vitorean y aúpan en la fase final del recorrido.
Un kilómetro más-menos antes de salir de la montaña Charlie me esperaba, support crew para cerrar, saliendo de la montaña Miriam y Adriana esperaban en el puente que pasa sobre el río, por supuesto una calle de por medio que no podíamos cruzar como cualquier persona con la precaución del caso, no, algún genio tuvo la brillante idea de poner una pasarela de andamios y con cien (100) kilómetros y 6,100m de desnivel acumulado entre las piernas hacernos subir y bajar gradas para pasar al otro lado, luego el puente sobre el río y enfilar hacia la Avenue du Mont Blanc.
45.9237° N, 6.8694° E
Chamonix, Francia
Cuando cruzas el puente, sabes que no hay nadie “que te quite lo bailado” la gente se vuelca por completo a celebrar que has llegado, nadie sabe tu nombre, pero todos te saludan, luego de cruzar en Av. du Mont Blanc, te diriges a la próxima esquina y es donde la piel se achina…hace dos días le decía a Diana, Charlie, Miriam y Adriana, no quiero terminar mi carrera en la madrugada, porque no habrá nadie en la calle, la experiencia de UTMB debe ser con toda la gente en la calle vitoreando, con gente completamente desconocida volteando a verte, con el pueblo entero de fiesta!..
La Rue Joseph Vallot es la antesala de la victoria, en el momento que empiezas a andarla lo sientes, las calles estaban abarrotadas, toda la gente afuera en ambos costados de la calle, animando a todos los corredores, aunque siempre por un momento lo sientes personal, y a veces así lo es, estoy seguro que las personas escogen a un corredor en especial a quien animar; yo estaba destrozado, es cierto, quería que se terminara ya, así que lo iba celebrando en silencio, esta vez había sufrido mucho…
Pasaría entre la multitud apostada en la calle, los restaurantes y bares, un último giro junto a la Statue of Balmat and Saussure apuntando y con la vista hacia la cumbre de Mont Blanc, aparecen frente a mi los cientos de banderas de todos los países, el emblemático arco de UTMB custodiado al fondo por la Paroisse Saint Bernard du Mont-Blanc, al pie del arco Diana.
C’est fini!



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Winning isn’t about finishing in first place. It isn’t about beating the others. It is about overcoming yourself, overcoming your body, your limitations and your fears. Winning means surpassing yourself and turning your dreams into reality.

Ahora que he tenido tiempo para pensarlo, creo que nunca me recuperé bien del proyecto 37+ aunque tuve un par de meses de por medio, cuando el proyecto 37+ se llevó acabo aún no tenía confirmación para poder viajar a Chamonix. El ajuste de mis entrenos y un cambio nutricional sobre la marcha no fueron decisiones bien tomadas. El rastro dejado por la pandemia aún estaba presente, dieciocho meses restrictivos, protocolos y muchas suspicacias; teorías de conspiración y tal, el cuerpo perdió el ritmo de competencia y los entrenos por mucho tiempo fueron de mantenimiento únicamente, los permisos de viaje apenas habían sido levantados, los certificados de vacunación y las pruebas en negativo eran esenciales para movernos libremente, Chamonix además de la organización mantenía ciertas medidas de cuidado, entre ella el uso de “le masque” obligatorio aunque fueras en espacios abiertos.

Tuvimos que cumplir con un pase sanitario obligatorio que incluyera, dos dosis de vacunas, prueba negativa de antígeno de no más de 72horas, durante la carrera pasaríamos los pasos fronterizos de Italia, Suiza y Francia y en cualquier momento podrían solicitarnos el cumplimiento de estas normas sanitarias.
In situ, el mejor support crew, Diana, ich liebe dich! El resto de la familia extendida Charlie, Miriam y Adriana. El home crew Diego, Richie, Allan, Jose siempre pendientes.
En el playlist de Spotify: CarlitosPress 37+ de atrás para adelante las últimas 25 rolas.
To the people, to the fellow ones, to the tribe. Run free, +Korima.
Reportando CarlitosPress