Me asalta una idea, constantemente tengo en mi mente este algo, sí, ese algo de seguir hasta donde se alcanza el horizonte, ¡vaya! El horizonte es imposible alcanzarlo, siempre habrá un nuevo horizonte cada dos pasos adelante, sin embargo, cada vez que esta idea surge una vez más me doy cuenta de la testarudez que me acompaña en el día a día. Es decir, soy una persona tenaz y persistente, obstinado tal vez, mi abuelo diría que soy calía, es cierto hasta que no consigo lo que quiero no me detengo en el intento, de probar algo nuevo, de enfocarme cada mañana al despertar en una forma nueva de conseguir aquello que deseo alcanzar, ese no se qué, que me impulsa o ese no se cuándo que me reta a seguir adelante.
Este mi amigo imaginario con el que hablo en las mañana y le cuento como amaneció mi estado de ánimo, o esas voces en mi cabeza que día a día me dicen que debo hacer mi mejor esfuerzo e intentar ser mejor persona, mejor ser humano de lo que fui ayer, y corregir lo que no salió bien o no funcionó. En mi cabeza resuena constantemente la idea de ser lo mejor que puedo ser, de que no importa que este haciendo debo intentar hacerlo de la mejor forma y al menos intentar rozar la perfección.
La disciplina, la persistencia, esa búsqueda de la maestría en algo, no se trata de un alimento innecesario a nuestros egos, se trata de ir más allá, de retar nuestros límites, límites impuestos y aceptados, se trata de la relación que se establece con uno mismo para seguir adelante, de la experiencia y el aprendizaje en sí que nos trae la vida y que muchas veces nos negamos a ver tan siquiera de reojo, cuando en realidad hay una victoria cada día con las cosas que hacemos y el esfuerzo que damos.
Yo mismo despenalizo mi obsesión por la perfección, no porque me convenga, simplemente me he adjudicado la capacidad de asumir libremente mi vida y ser yo mismo el protagonista de mi historia. Claro que me he equivocado, miles de veces, es un buen indicador de que sigo intentando hacer las cosas diferente, y me la paso bien con estas voces en mi cabeza que me dicen que debo mantenerme y ser constante, no rendirme y continuar, aún cuando todo sale bien, -sobretodo- porque cuando salen mal ya se que debo persistir, hasta ganar.
¡Persistence Wins!
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